jueves, 24 de noviembre de 2011

Hate me!

La soledad inunda la estancia abarrotada. En una esquina, aquel hombre cabizbajo la atrae hacia él. Es suya, solamente suya, y no la quiere compartir con nadie. ¿Egoista? No. Simplemente luchador. No es bueno sentirse solo. La amistad expira poco a poco con la soledad, y no es necesario que nadie más pase por eso. Se siente bien. Ayuda a los demás. Pero se descuida a si mismo. Vale la pena ese pequeño sacrificio. Detrás de cada sonrisa, de cada abrazo, de cada beso, él halla su recompensa. Quizás muera solo, pero lo hará feliz, y la muerte no es mala compañera. Solo es un hombre, pero con todo lo que ello implica. Él es esperanza, pasión, fuerza, ánimo. Él es todo eso, pero todo eso está roto. Ya solo queda apatía, odio, tristeza. Y así fue siempre, así es ahora, y así será mañana. Pero estará en paz. Y eso es lo único que importa.

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