miércoles, 5 de noviembre de 2008
Crónica de un día lluvioso.
Llueve, eso se sobreentiende. Hace frío, pero con gotas de calor, ¿me explico? Lo dudo, pero sinceramente, me da igual. Llueve, eso es lo que importa. Voy caminando por el pasillo. ¿Qué coño pasa? ¿Aquí tabién llueve? No. Eso del suelo no es agua de lluvia. Debió ser el niño y su globo de agua. Dichoso niño, como lo odio. Podía ser un niño como otro cualquiera, pero no, es un hijo de la grandísima... su madre es una gran persona. Muy amiga mía, la verdad. Me llevó en coche una vez a mi casa. Aquel día no llovía. Pero hoy sí. ¿Porqué lloverá? Seguro que la culpa la tiene el niño. No detengo mi recorrido y bajo las escaleras. ¿Tengo algo que hacer esta tarde? Es igual, está lloviendo. Hoy toca tarde aburrida en casa. Ya estará hecha la comida. Habrá algo líquido seguramente. Sopa, o puré, porque llueve. Estoy harto, podía parar de llover. Salgo por la puerta empapado. ¿Porqué? Miro hacia dentro. Está lloviendo. Pero fuera no. Hace sol.
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