martes, 30 de agosto de 2011

La primavera se desangró

De pronto aquel verde bosque se volvió gris, el día se tornó noche, y el sol, una vez más, luna. Aquellos temidos labios color carmín se convirtieron en muerte, y tal y como se esperaba reinó el dolor. Un dolor profundo pero ya conocido. Alterado en miles de aspectos, pues la fuente que lo produce siempre ha sido diferente, pese a que el dolor es igual. Todos los dolores se mezclan, se hacen más fuertes, y cada vez... cada vez duele menos. Un hombre acostumbrado al dolor es mal enemigo, pero al mismo tiempo, mal amigo. Un hombre acostumbrado al dolor ya no teme perder nada, pues poco le queda ya. Y es lo que tiene el dolor, que atrae más y más dolor, no sólo a él mismo, si no a los que lo rodean. Ya no es nada para nadie y nadie es nada para él. Es el final de un ciclo que no se volverá a repetir. Nada merece la pena.

1 comentario:

clavedesol dijo...

"Ya no es nada para nadie y nadie es nada para él". Me gusta mucho el texto

ii

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