Y la muerte llegó a mí cuando menos la esperaba. Ha sido tan tranquilizadora... Su olor a destrucción y su voz aniquiladora me llevaban al descanso eterno. Nada más a mi alrededor, solo Ella y yo, unidos por siempre en la oscuridad apacible y durmiendo en el lecho apacible alejado de todos los males del mundo. Su voz es casi inaudible, no obstante, tranquilizadora. En mi mente escucho sus pensamientos con promesas de calma y tranquilidad, y me dejo enredar en sus besos que solo conllevan muerte. Ella lo es todo, y a la vez no es nada. Ella sabe de lo que hablo. Ella es yo, pero a su manera.
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