domingo, 14 de septiembre de 2008

Desvario completo

una sombra oscurece mi corazón mientras el Sol se cubre entre lo lejos del horizonte. El temible rumor del silencio se cierne sobre mí,mientras escucho aterrado la voz más dulce y temida de la Tierra.

La muerte.

Caminando solo por el abismo. Una voz retumba en mi cabeza. Por fin me ha atrapado. Por fin soy suyo. Ahora no podré escapar. No merecería la pena. Cierro los ojos y me sumo en un sueño. ¿Quien sabe si se volverán a levantar mis parpados?

Solo ella.

tres días después me desperté incosciente. Mis ojos llenos de tierra no me dejaban ver el extenso terreno que se hallaba ante mí. Me despojé de lo que nublaba mi visión y contemplé el Bosque del Olvido. No sabía que había más allá del cubículo en el que me hallaba, pero tampoco sabía si ese era el lugar más seguro para estar.

Respiré hondo y dí un paso hacia lo desconocido.

siete horas caminando. Mis piernas estaban agotadas. Al fin escuché el sonido del agua. Salí corriendo guiándome simplemente por mi oído. Llegé a un pequeño arroyo de aguas cristalinas. Bebí hasta saciar mi sed y me senté a descansar un rato. Al momento una voz retumbó en mi cabeza:"No te detengas, elige hacia donde seguir. Hacia delante; el futuro, desiertos y guerras por el agua, hacia atrás; el pasado, dictaduras y esclavitud, hacia la derecha; el presente, guerras porque sí, racismo, destrucción sin fin, hacia la izquierda; lo desconocido."

Por segunda vez, respiré hondo, giré mi cuerpo y me fuí hacia el extraño bosque de mi izquierda

aquello era extrañamente hermoso. Cientos de luces se movían a mi alrededor, como revoloteando. Charlaban en un susurro inaudible. En una fracción de segundo, mis pies se hundieron en un socavón en el cual me quedé atrapado. Tras varios intentos comprobé que no podría librarme de aquello tan facilmente. No me quedaba otro remedio.

Me acomodé como pude y esperé.

sentí un susurro muy suave, una dulce voz hablaba en mi oido. Me decía que no me agobiara, que cerrara los ojos y que mi problema desaparecería. Mis parpados cayeron y taparon mi visión, mientras sentía como el pie se desencajaba del agujero en el cual se hallaba atrapado. En cuanto pude, me levanté y hice algo sin siquiera abrir los ojos.

Eché a correr sin saber donde

corrí sin mirar atrás hasta que choqué con un tronco. Mis ojos, ahora abiertos, contemplaron a mi verdugo. Un hombre de estatura media se alzaba ante mí. Portaba una espada de gran tamaño, casi tanto como él. Levantó la espada y sentí que se acercaba mi fin. La bajó con rapidez, y lo último que noté fue el acero corriendo por mi cuello.

FIN

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